American Sniper (El francotirador)

Instrumento de guerra

“Y los nombres de los héroes me han hecho memorizar,

con armas de fuego en sus manos y Dios a su lado.”

Bob Dylan

Se esfumaba el año 1963 cuando un desconocido Bob Dylan cantó por primera vez “With God on our side” en un concierto de Joan Baez. Los versos contaban la historia de un americano cualquiera que asimiló el valor del patriotismo a través de unos libros de texto que quitaron importancia a la muerte de los indios, le hicieron memorizar la lista de héroes de guerra y le enseñaron a odiar a los rusos sin entender muy bien por qué. Al final aprendió a aceptarlo con orgullo, “pues no se cuentan los muertos cuando Dios está de tu lado”. Dylan les heló la sangre, pues habían aprendido a ser americanos con los mismos libros de texto.

Aquellos libros de texto siguen escribiéndose y en la actualidad nos cuentan historias parecidas, como la de “El francotirador”. La última película de Clint Eastwood relata cómo Chris Kyle, el francotirador más letal de la historia de Estados Unidos, con más de 150 muertes en su historial -interpretado por un Bradley Cooper muy creíble-, dejó de ser aquel paleto tejano que se alistó tras ver en televisión la caída de las Torres Gemelas para convertirse en un instrumento de guerra.

Centramos el foco en la Guerra de Irak y, tras lanzar una mirada al campo de batalla, el francotirador observa cómo un hervidero de peligro se extiende ante él. Sus movimientos son automáticos, como los de las máquinas más perfectas y, a pesar de la cantidad de polvo que flota en el aire, consigue mantener una respiración serena como la de un metrónomo. Acaba de eliminar, sin pestañear, a un andrajoso terrorista que portaba un bazuca. El arma permanece en su regazo muerto y está a punto de ser rescatada por un niño de apenas diez años. “No te atrevas a cogerlo”, murmura un Kyle entre dientes que no dudará en volarle la cabeza al mocoso si por fin se convierte en una amenaza, mientras un compañero le incita a apretar el gatillo entre risas.

Esta escena resume la dificultad de los narradores contemporáneos para encontrar algún tizne de épica en esta guerra injustificada, pues no es el poderoso enfrentamiento entre Grecia y Troya sino el de David contra Goliat. Eastwood nos hace testigos de una demostración más del despliegue del ejército americano que no impresiona como en “En tierra hostil”, donde se juega con la tensión psicológica más que con la estética. Todo sucede en un ambiente fantasma sin apenas música, en un intento de sobrecoger al espectador con el realismo de una batalla sobria. La única resistencia procede de unos pocos desarrapados que luchan a la desesperada, lejos de los temidos alemanes y “japos” de antaño.

Tras haber eliminado a más de 150 objetivos, no es eso lo que le quitará el sueño a Kyle sino las vidas de los compatriotas que murieron a su lado por una causa que aún cree justa. La guerra le cambia pero no su juicio, pues nunca se replantea si todo aquello merece la pena sino que asistimos al enésimo retrato del estrés post-traumático de un veterano de guerra que estará alerta de por vida con cada ruido que le recuerde al enemigo.

A pesar de un despliegue técnico que nos brinda momentos estéticos tan brillantes como el de la huida en medio de una tormenta de arena, la narración falla, pues centra toda su presunta emotividad en la psicología de un hombre convertido en máquina. Intentamos comprender a un personaje hermético que ni piensa ni siente más que en las profundidades de su ser y solo sentimos los efectos reales de la guerra en los ojos de una mujer que ve cómo su marido ya no es humano. Recuerdo cómo me emocionaron los testimonios de los veteranos de la Segunda Guerra Mundial en “Hermanos de sangre”: “Cada noche recuerdo la batalla de Bastogne”, decía uno de ellos entre lágrimas; y al compararlo me encuentro con un intento previsible de buscar la lágrima fácil.

En cada una de sus películas bélicas Clint Eastwood ahonda en la idea del soldado como instrumento de guerra. En “Banderas de nuestros padres” retrata la ironía de tres soldados convertidos en héroes para financiar la guerra. También en “Cartas desde Iwo Jima” vemos a los verdaderos héroes japoneses que murieron por defender a su país entre el desconcierto de no encontrar un motivo razonable por el que tuvieran que renunciar a sus vidas por un alzamiento suicida. Sin embargo, solo en esta película consiguió un retrato veraz al desprenderse de ese patriotismo que el Estado americano vende en sus libros de texto y que hacen que el americano muera orgulloso en la batalla “por defender al mejor país del mundo”. La idea cala incluso en el propio Eastwood, que no puede evitar dedicar el último tercio del film a homenajear a un Chris Kyle retratado como el Aquiles americano que será alabado como una verdadera leyenda en los libros de texto del futuro.

Pablo Melgar

 

With God on our side – Bob Dylan
 
 

Título original: American Sniper

Año: 2014

Duración: 132 min.

Director: Clint Eastwood

Guión: Jason Hall (Autobiografía: Chris Kyle)

Música: Clint Eastwood, Ennio Morricone

Fotografía: Tom Stern

Reparto: Bradley Cooper, Sienna Miller, Luke Grimes, Jake McDorman, Kyle Gallner, Keir O’Donnell, Eric Close, Sam Jaeger, Owain Yeoman, Brian Hallisay, Marnette Patterson, Cory Hardrict, Joel Lambert, Eric Ladin, Madeleine McGraw

Productora: Warner Bros. / Village Roadshow / 22 & Indiana Pictures / Malpaso Productions / Mad Chance Productions

Género: Bélico. Drama. Biográfico. Ejército. Guerra Iraq

Nota: 6 Interesante

Nota filmaffinity: 6,3

Nota IMDb: 7,4

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