Cómo funciona mi memoria

Hola a todos, he estado un tiempo sin escribiros, pero así leeréis con más atención esta reflexión de cama que vengo a traeros. Además, echando un ojo a mi cuenta bancaria estoy seguro de que leen mis desvaríos millones de personas en todo el mundo. Así que no tengo porqué disculpar mi ausencia ante nadie más que mi banquero, que habrá estado nervioso durante este tiempo en el que el número de la cuenta descendía sin algún ingreso. Pero yo hago lo que quiero con mi dinero, como pagarme unas vacaciones para tocarme los huevos.

Voy a hablar de cómo funciona mi memoria, la mía, no la de todos. Yo no soy un biólogo o un neurólogo que pueda explicar los procesos físicos y químicos que tienen lugar en mi mente cada vez que intento rebuscar algún detalle en ella, como quien abre un cajón del escritorio de su infancia para buscar una carta roída por los años. Precisamente por eso os voy a describir cómo sucede ese proceso desde mi subjetividad, pues al parecer os importa (ya que os metéis en este blog continuamente, contra todo pronóstico –el mío-).

Deep blue – Arcade Fire

Cuando me acuesto en la cama, tal y como estoy ahora, y miro al vacío –al tiempo-, mi foco de pensamiento se sitúa en una pantalla principal y hay minimizadas varias otras que se encuentran detrás (tal y como funciona mi Mac). Entonces, yo pongo “Deep blue” de los Arcade Fire en el Spotify, que está en mi ordenador y, por tanto, es prolongación de mi pensamiento. Mi ordenador es un complemento de mi propia mente, ahí están todas las cosas que necesito y que mi propio cuerpo no es capaz de conseguir por sí mismo. Aunque puedo recordarme cantando: “¡Laaaa la-laaa, la-laaa, la-lá…!, cada vez que me he subido en un metro. Pero mi Spotify hace realidad mi fantasía.

Comienza la canción y lo primero que intento recordar es la primera vez que la escuché en toda mi vida. Aquella vez fue viendo Boyhood que, tal y como recuerdo de la ficha de filmaffinity, es del año 2014 (el año en que peleó con Birdman por el Óscar –buen año de cine aquel-). En la última escena, cuando el protagonista…¿Cómo se llamaba? ¡Mason! Eso es, cuando Mason se va a la Universidad y contempla lo que se le viene encima que, por cierto, no empieza mal del todo con esa chica súper interesante a la que quiere besar. Ahora pienso, ¿hay un momento peor en la existencia que el de antes de lanzarse? A nadie le ocurre eso el primer día de Universidad, es lo que todo el mundo desea pero nunca ocurre así. Gracias al cine lo vivimos.

Recuerdo cómo la película se acaba y uno se queda mirando los créditos con la mirada perdida. Piensas en ese momento, aquel en el que la edad adulta se te vino encima. Y pienso en mi primer día de Universidad, que no fue como el de Mason pero sí tan ilusionante como el suyo. Estaba en la No-Residencia de Estudiantes viviendo en Murcia con Andreu, mi mejor amigo. Fue un buen año, ahora que lo pienso. Aunque el pelotudo del conserje del edificio no me dejase meter a nadie por la noche. Aunque yo hacía lo que me salía de las pelotas.

Volvía andando por la ciudad con la noche derramada a las cinco de la mañana y las luces de las farolas se me difuminaban como cuando tienes sucias las gafas. Todo en calma menos yo, que era un adulto volviendo a mi propia casa, con mis propias llaves en la mano que usaría para abrir mi puerta y tumbarme en mi cama; por primera vez. Recapitulaba los momentos de la noche, con mis nuevos compañeros de Universidad. Recapitulaba los momentos que me habían traído hasta esa primera fiesta con mis nuevos compañeros de Universidad. Y recapitulaba la ficción de mi año que se proyectaba entre las luces distorsionadas y los ruidos de los neumáticos tomando la Circular camino hacia alguna parte. Pero también recuerdo que me meaba mucho, por toda la cerveza que había bebido en el bar ese de la Merced en el que sirven los tercios de Estrella a un euro. Es gracioso que no logre recordar su nombre, ahora mismo. Es un bar eficiente. Y entonces sonaba mi Deep Blue personal, por aquella época sería alguna canción envolvente de Paul Kalkbrenner, seguramente (seguramente alguna de Berlin Calling).

Berlin Calling – Paul Kalkbrenner

Así que decidí mear en uno de los árboles con los que te cruzas en la Avenida Juan Carlos I. Pero la putada era que, cada vez que me desabrochaba la bragueta y me abría el cinturón, aparecía un grupo de coches juzgándome con sus luces. Sentía remordimiento y vergüenza de guarro, entonces me iba hacia el siguiente árbol con penumbra. Y ocurría de nuevo, una y otra vez. Hasta que, harto, me planté y miré al mundo de frente, retándole: “Sí, voy a mear aquí. ¿Y qué? No me aguanto más, ¡lo juro!”  Y me quedé muy agustito.

Como habéis podido ver, Deep blue se encuentra en la carpeta Boyhood/películas/2014, de mi memoria. Dentro del archivo Deep blue.mp3 se encuentra todo lo que os acabo de contar. Pero hay más información, ¿con quién vi esa película? Fue con Ángela, mi compañera de piso de entonces, que ha tenido un niño este año. Me acuerdo de ella con ternura y pienso en batidos de vainilla con nueces pecán al caramelo, leche, canela y plátano. La textura de mis sensaciones es de cuero marrón, como los sillones de aquella casa. Aquella televisión de David Ibiza en la que vi el gol de Sergio Ramos en el minuto 93. Parra Alta de Cartuja fue mi primera calle en Granada y olía a marihuana y meado de perro. No me he movido mucho de allí, solamente unas calles más arriba. Aquí sigo, en Granada, abriendo constantemente plantillas en blanco sobre las que influir, deformándolas, dándoles color y pensamientos que ella traduce en números. El Word me hace el trabajo sucio. Pero yo soy el que escribe las palabras, todavía, y el que las vive previamente a lo largo y ancho de esta ciudad maravillosa.

Y para que las siga escribiendo, pulsa en el maldito botón de “Me gusta”, ¿tanto cuesta si te ha gustado, de verdad? Porque me encuentro con mucha gente por la calle que me dice: “Me gustó mucho tu último post pero se me olvidó darle al Me gusta”. Joder, no perdamos las maneras, si vas a un partido de fútbol silbas o aplaudes según el resultado. Dadle al jodido “Me gusta”, no os cuesta nada. Además, yo os he relatado cómo funcionan unos minutos en mi mente. Comencé pulsando un click y he recorrido sensaciones dispersas de mi vida. ¿Quería realmente analizar Deep blue en profundidad? No, lo que quería era viajar a través de ella porque lo que importa es el camino, y nada más. Y eso es mucho más de lo que habéis hecho vosotros por mí en vuestra puta vida. ¡Hasta la semana próxima!, o cuando sea…

 

PD: Aquel bar de Murcia se llamaba Íberos, que me acabo de acordar. Si pasáis por Murcia no perdáis el tiempo buscando otro más barato.

 

Atentamente

y, mientras me toco los huevos en mi casa:

 

Paul Melgar,

mi álter ego millonario.

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