La gran prohibición

André Breton

La gran prohibición será levantada

Me cuenta mi madre, que es periodista en Murcia, las cosas que pasan por allí. En una de las últimas llamadas me informó sobre una de las últimas ordenanzas que ha llevado a cabo el Ayuntamiento de San Pedro del Pinatar sobre sus playas. Resulta que multarán a todo aquel que se mee en el mar o que vaya desnudo. ¿No os parece acojonante? De lo acojonante que es me resulta divertido. Me imagino las nuevas directrices de esos policías que acostumbran a pasearse por el pueblo con posturas de sheriff y te saludan cuando se cruzan contigo con un movimiento de sonrisa como un gesto de aprobación por tu conducta ejemplar. “Sí, eres un buen ciudadano, no tienes de qué preocuparte…yo estoy aquí para protegerte”. De serie americana.

Os hablo con este tono de la calle porque parece que el correcto os marea, ya que no cogéis un libro ni aunque os lo prohíban. Porque, por lo que me han contado, parece haber una erótica en lo prohibido. Al igual que si prohibieran los libros, iríais todos corriendo a coger uno; a mi me dan ganas de ir a la playa para mearme encima. Nunca lo he hecho porque me parece asqueroso. Todos tenemos ese amigo que se acerca a ti con una sonrisilla de cabroncete en la cara y te pregunta si está calentita. Yo no quiero ser esa clase de persona, pero la verdad es que no le puedes hacer nada porque tiene gracia. Siempre tiene gracia esa broma.

¿Cómo controlarán nuestros policías si meamos o dejamos de mear cuando estemos a remojo? Es posible que contraten un sistema informático que avise sobre los niveles del agua e intervenir directamente cuando ésta adquiera un tono más verdoso de lo habitual. Pero un sheriff no entiende de ordenadores mas cuando le dan una plaza administrativa con la que pueda tocarse los huevos mejor, entonces sí aprende. Pero, mientras tanto, no le hace falta.

Por eso no creo que sea viable esa solución. Viable significa que se puede llevar a cabo, por cierto. ¡Y un cabo no es solo una cuerda! Me voy del tema, joder. A lo que iba, creo que otra opción sería mejorar la calidad de los prismáticos de los vigilantes de la playa y así podrían analizar nuestros rostros. Cada vez que alguien cerrara los ojos con signos de placer secreto, entonces el vigilante saldría corriendo y le tendería la recetita de turno de cien pavos o lo que te claven por la meadilla. Pero entonces la policía y la vigilancia de playas se llenarían de voyeurs que encontrarían en su jornada laboral material suficiente para las siguientes pajas. Habría algún escándalo seguro porque sentirte observado constantemente en el único momento del año en el que puedes relajarte en la playa, no le gusta a nadie, y además seguro que los depravados dominarían las playas. Así que eso lo descartamos también.

¿Científicos analizando cada hora el agua salada? Habría personas con bata en la orilla, agachados y con tubos de ensayo en la mano. ¿Pero cómo demuestran que ha sido la mía y no la de al lado? A lo mejor en la entrada de la playa te pedirían una muestra de sangre para cotejar similitudes con las pruebas de pis encontradas y tu propia sangre. Se formarían colas y habría que poner una garita a la entrada de la playa como si fuese una frontera. Ir a la playa se convertiría en cosa de inmigrantes. Me encantaría ver a más de uno viviendo la misma experiencia con sus vacaciones pagadas, a lo mejor tendría empatía por una vez en la vida, con lo que viven allá en Ceuta y Melilla.

Así que esta opción la desechamos también. Solamente queda seguir las cosas tal y como están, que seguramente sea lo que pase, y meter el miedo en el cuerpo a los bañistas para que si mean sepan que están haciendo algo muy malo; en vez de educarnos en el colegio sobre cómo comportarnos sin molestar a los demás. Los policías no harán nada por investigar las posibles meadas que pasarán a ser meadas ilegales. De esta forma, se nos brinda la oportunidad de convertir la meada en un acto subversivo. Mear en la playa será a partir de ahora un gesto revolucionario contra el que no podrán hacer nada y todos los que queremos protestar por el estado de la sociedad, iremos a la playa a mearnos en sus caras. Un ejército de sonrisillas pecadoras les mirarán desde la orilla amarillenta y ellos no podrán hacer absolutamente nada para evitarlo. Y si no que entren y la prueben ellos mismos que no me saca ni Dios de la orilla del despelote, con este agua tan calentita de la Llana y los huevos al aire.

 

Pablo,

mi álter ego subversivo.

Volando voy – Camarón de la Isla

EGO_BLOG

entérate aquí de qué va esto...
More from Pablo Melgar Salas

HISTORIA DE UN CONSUMIDOR. Capítulo II: El ataque de los clones.

Tras la caída en la primera curva, Javier y sus compañeros decidieron...
Leer más

2 Comments

Deja un comentario