Mi Apocalipsis. El día en que maté a mi paz.

Aprieto el puño e inserto en la carne desgarrando sin compasión alguna. Dolor, más dolor…y sangre. Gritos, desesperaciones y auxilios negros. No pidas socorro porque nadie vendrá a ayudarte, no hay solución. El campo de visión cada vez es menor y la nitidez más pobre. La realidad es irreal cuando eres consciente, mientras no. La adrenalina copa los poros de tu piel, escupiendo sudor hervido. Los brazos se inyectan en sangre cuando sujetas la daga y con firmeza reculas el codo hacia atrás recorriendo tu vida, tus recuerdos, tus alegrías…que ya no son más que piedras en el camino. Piedras que pesan y ponen a prueba el esfuerzo de tu bíceps al sostener el filamento. Hasta que llegas al punto muerto, en el que todo es vacío. Tu cerebro no centrifuga y los sentidos actúan por impulsos, por intuición, por instinto. Y ahí, por fin, rematando el odio con ligereza, clavas tu alma en la vida rota en pequeñas dosis. Sientes como el musculo gime deshaciéndose y dejando paso al metal. Notas como todo se deshace, todo por lo que has luchado se desvanece, todo por lo que has sufrido se pudre de nada, todo lo que has mantenido es cero. Y el llanto resurge de su más profunda caverna para reclamar, lo que es inevitable…no hay vuelta atrás…ha empezado, mi Apocalipsis.

Pablo Melgar

 

My Apocalypse – Metallica

Hay momentos en los que uno pierde la paciencia y los nervios se apoderan del sentido común…ahí es cuando me pongo esta canción lo más alto posible y grito. Uno se regenera.

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