Oda narcisista

#Poesía

#Literatura

Yo, solo yo

La cosa más chachi pistachi del mundo,

la perfección hecha rostro,

la carne del alma bella como flor,

la infancia inmarcesible, eterna

la delicada caricia de una brisa primaveral

el arroyo impoluto manando de las cumbres nevadas

con cantar de fénix en extasiados arpegios de lira

os invoco a vosotras

criaturas de mi sueño

para que vengáis a admirar mi apariencia semidivina

 

¡Oh, yo! Que ni siquiera soy yo

sino el espíritu de un narciso corriendo por mi sangre

haciéndome sentir cósmico, infinito y frágil,

princesa de otro tiempo, burbuja de un instante,

reflejo de Sol dorado sobre el mar aullante,

pétalo aterciopelado, contoneo felino,

ascenso de alondra, trinar de ruiseñor, luz de luna

os mostraré mi hermosura en versos sublimes de poética celeste

para que tiznen color arcoiris las bóvedas y los abismos…

 

¡Este universo no es aún lo bastante yo!

¡Yo, arte precioso material de vida orgullosa!

¡Yo, que hablo solo en privilegiadas ocasiones para vuestro deleite,

para que os sorprendáis de que exista algo tan increíblemente puro

y me miréis, oh, sí!

 

¡Miradme, malditos! ¡Oh! ¡Ah!

 

¡Os quiero! ¡Os quiero para mí!

 

¡Dios mío! ¿Qué he dicho?

¡No importa, fingiré otra sonrisa!

¡Os daré la justa reciprocidad aduladora

antes de huir despavorida

no vaya a ser que vengan los problemas

y las responsabilidades prácticas!

 

¡Me retiro a mis aposentos! ¿Qué haré en ellos?

Recrearme con fantasías de hadas solícitas a mi voluptuosidad,

idear y planear proyectos de grandiosidad irrealizable

y abandonarlos para mirarme en el espejo, ¡oh, espejito!

 

Mi reflejo me observa atentamente,

detectando las irremediables marcas

que vuelven toscas y deterioradas las formas de mi mármol facial

 

¡Pero no importa, venceré al mismo Tiempo, ya que soy intocable

porque es inconcebible no serlo!

 

¡Me río de la muerte! ¡Ja ja ja ja! ¡Ah, qué susto!

 

¡Ay, cómo sufro! ¡Sufro tanto!

 

¡Decidme algo, hablad de mi bondad, que no es justo

pasar tantas horas en silencio sin el alimento de la compasión!

 

¡Sufro mucho, más que vosotros, reconocedlo!

 

Ay, me quiero morir, y moriré

sin que nadie me haya amado como yo quise:

hundiéndose en el fango de mi espíritu hasta ahogarse

conmigo…

 

¡Ay, amor! ¿Qué será eso?

¡Eso de lo que todos disfrutan en espontáneo gozo,

con risas brillantes, verdaderas risas de júbilo jolgorioso

y que me causan perplejidad y envidia,

venenosamente acusándolas de tontería!

 

¡Ay, amor! ¿Qué será eso?

¿Se encontrará en el beso o en el lúbrico fornicio?

¡Necesito de la embriaguez para olvidar,

vaporizar la angustia interna

y evadirme de ese vacío abisal que me recorre las entrañas

cubiertas de cieno y polvo!

 

Pero a veces lloro

cuando veo algo auténtico

como el abrazo de las señoras haciendo la compra,

cotidiano abrazo más real que nada de lo que jamás haya

dicho o hecho

y sabiendo que la justicia de la realidad acabará conmigo

me echo a temblar de terror y arrepentimiento

por mis crímenes inconfesables

a lo que sea la verdadera felicidad

por las veces en que mi inteligencia detectó decadencia

y con malicia se entregó a ella, marchitándoseme un poco más

la voluntad de hacer algo por el bien común…

 

¡Oh, amigos míos, abandonadme ya!

Que de mi boca solo salen mentiras de ganchillo

y todos acabaréis detestándome,

por las extrañas parálisis que contagio,

por el odio que en secreto destilo

y al final no puedo evitar que apeste a través de los poros!

 

¡Mis promesas nada valen,

mis acciones son todas paripés en el escenario

pues en el fondo os veo como muñequitas de trapo

que decoran mi trágica dramática exagerada!

 

¡Ridículo! ¡Ridículo!

 

¡Sólo el ridículo podrá salvarme,

la exacta humillación de desnudarme ante vuestras miradas

haciendo grotescas muecas hasta el hastío,

hasta la vergüenza absoluta de intuir

que mi patetismo os cansa

y la desesperación total de ser vapuleado

por ojos que observan con amargo cariño

y mantienen su sincera lástima en la distancia!

 

Cristal Luciente

 

Pintura: Eco y Narciso – John William Waterhouse

Creep – Radiohead

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