Puigdemont, ¡máquina!

Puigdemont es nuestro primer héroe político en este milenio. Quizás podamos encontrar otros nombres que incluso merezcan más este título, ¿pero que a su vez hayan creado una nueva narrativa para los libros de historia? No lo creo. Posiblemente su destino sea acabar en la cárcel pero no dejaría de ser un preso político, y ahí es donde nace el mártir o el héroe.

En la última década hemos crucificado a los que venían siendo los héroes de la gran transición española y, mientras poco a poco la vida del político se convierte en la de un mero actor en un anuncio del sistema económico, Puigdemont se crea una nueva épica para subvertir el paradigma.

La nobleza catalana se dio cuenta de que estaba perdiendo poder de decisión en su propio territorio y no estaban dispuestos a ceder el terreno a Madrid. Como en un partido de fútbol, hacen patria con un argentino y se encadenan a la posición de privilegio que les había dado vía libre para hacer y deshacer hasta ahora, cuando se han hecho públicos sus trapos sucios. En el momento en el que el “España nos roba” se descubre como la declaración de un corrupto en el tribunal, el malo del telediario, sus perspectivas de prosperar se ven reducidas.

Entonces surge Artur Mass, el que hace tambalear naciones con su firma, y mete a Pujol debajo de la alfombra para convertir el tema de la corrupción en un titular revolucionario. Nos queremos reivindicar como potencia económica frente a Madrid y para ello necesitamos nuevos héroes que sustenten nuestra causa. Y ya Mass ha visto las consecuencias de su arrogante firma, frente a la central lechera (como la llaman en la telebasura futbolera), y va a tener que ser castigado a pagar una importante suma de dinero que pone de manifiesto su insuficiente poderío en la partida macroeconómica de póquer.

Y es ahí cuando aparece en escena el héroe, Puigdemont. Se radicaliza el discurso y se mezclan las siglas y los eslóganes liberales con los de los asamblearios de la CUP, para que el pasado se confunda con la causa revolucionaria. Si España nos robaba, ahora nos corta las alas y chantajea a las multinacionales para que se vayan de aquí. Las concentraciones de gente tan heterogénea celebrando una idea común, unos símbolos que tienen mucho poder de convicción también para una clase trabajadora que encontró en Cataluña un sitio en el que prosperar, y unos actos filmados como el primer viaje a la Luna.

Jamás pensé que vería en directo y por televisión la proclamación de una República en mi propio país. Gracias a Carles he podido comprobar que las heridas de la Guerra Civil siguen abierta, que sobrevive el franquista en el discurso de sus nietos y que el sentimiento de los tercios españoles sigue marcando la base de nuestro carácter. Si no por qué íbamos a gastarnos tanto dinero en clavar banderas y luces en las entradas de cada pueblo de España. Letras grandes y blancas de los nombres de los pueblos que han prosperado se difuminan en la rotonda entre majestuosas banderas rojigualdas que declaman un ¡esto es un tercio español!

Podéis comparar ambas noticias como un proceso de vuelta a la militarización de la ciudadanía, he llegado a escuchar que la solución se encuentra en sacar los tanques a la calle.:

“Tener en las manos los pliegues de la bandera obliga a dar vuestras vidas por España”.

“La plaza de España de San Javier acogerá una Jura de Bandera para civiles”.

 Toda esa gente que ha sabido mantener su posición a lo largo de una cruel y agónica crisis económica, ve tambalear su barco. El barco del que venimos achicando agua desde hace una década. Y la inclusión de un nuevo héroe en la historia del naufragio español, lleva a la apertura de una nueva grieta y la vuelta al fondo de la complicación.

Mientras todo un país se regodea en el amor a su patria, Puigdemont ya ha salido de España para expandir la palabra catalana por Europa. Si antes se ponía en duda la existencia misma del problema catalán, ahora ya no hay dudas al respecto. Un referéndum que sacó al pueblo a la calle para recrear el cuadro de Delacroix, frente a la represión policial de la Corona. La revolución catalana hace frente a la corona española, dice orgulloso el catalán afrancesado.

Y se lleva la postal hacia Bélgica, en una huida clandestina a la altura de las pelis de espías. Mirad la crueldad del Estado español, ¡qué injusticia!, dice Puigdemont en Bélgica enseñando algunas fotos que lleva en la cartera siempre como una abuela que presume de nieto. Los belgas incluso le alojaron como un exiliado político de honores en una mansión y Puigdemont monta allí su guerrilla Waterloo 2.0. Me dice un amigo italiano que vive en Bruselas, lo bien que se le da a Puigdemont hacer del Ché por Europa, pues está intrigadísimo con nuestro culebrón. Durante varias semanas el problema catalán ha copado los titulares de los medios belgas y la gente ya se posiciona en el bar sobre si es necesaria o no la monarquía en España.

La guerrilla avanza por Europa y ahora ha expandido el problema catalán hacia Alemania, incluso ha montado el campamento de forma temporal en Berlín. Ahora los alemanes ya se posicionan en el bar sobre si es necesaria o no la monarquía en España. Detenido en la carretera como el héroe de un thriller, el Matt Damon catalán, el prófugo independentista de pies ligeros que se juega la libertad en nombre de la justicia. No olvidemos que volvía de dar una conferencia en Helsinki, ¿ha hecho Rajoy esfuerzo semejante para explicar nuestros problemas fuera de España?  ¡Puigdemont es un máquina!, si antes había o no problema catalán ya es una cuestión que no importa, porque ya tienen el héroe y la foto sobre la que asentar su nación. El revolucionario de derechas, el máquina como deformación posmoderna del héroe que nos merecemos en estos tiempos.

¿Cómo contrarrestará la monarquía española este delito de desobediencia contra la autoridad? ¿Actuarán como esos padres autoritarios que imponen sus reglas a fuego en las pieles de los potenciales exiliados que tienen como hijos? Por el momento, mientras Puigdemont ha conseguido alianzas impensables, aquí se siguen peleando entre ellos. Rajoy sigue siendo trending topic con sus chascarrillos, gracias a ese arte ambiguo del eufemismo en el que son maestros. Quizás el PP haya perfeccionado ese grado cero de la escritura del gusto flaubertiano por hablar de la nada pero parece que Ciudadanos ha encontrado una manera mucho más fresh de ser de derechas y acabará cogiendo el testigo del PP en lo que se prevé una versión del 155 mucho más implacable incluso, que no contempla la opción de mirar hacia otro lado.

Las cosas se han puesto violentas, incluso, y los que antes destacaban por la ferocidad de su discurso ahora son los más moderados, como es el caso de Podemos. En el bar la gente ya empieza a decir que en cuanto han conseguido un asiento se les ha apagado la llama revolucionaria. Se mantienen neutrales, a favor de la patria española pero también de la democracia y el derecho de los pueblos a decidir, ¿pero está teniendo un impacto real su discurso en un tiempo en el que parece imposible no posicionarse? Parece la oportunidad perfecta para pasar un tiempo desapercibidos y hacer un lavado de cara necesario tras la persecución mediática a la que se han visto sometidos, antes que meterse en charcos donde tienen todas las de ahogarse.

Con este panorama, cada vez que veo un telediario, el héroe de todos que más simpatía me produce es Puigdemont, ¡máquina Puigdemont! Ha logrado cabrear a toda una nación y ahora viaja por Europa para acrecentar la leyenda de sí mismo y de su idea de nación. ¡El President exiliat que me folla la mente cada medio día a las tres de la tarde en cualquier canal de televisión, la hora de criticar al Ché catalán!

¿Habrá alguien en este juego de tronos capaz de plantarle cara a Puigdemont como personaje carismático? Si la política se ha convertido en una serie de televisión, llamémosla por su nombre. Con estos personajes en el tablero, ¿de quién os compraríais una camiseta? En el teaser de la próxima temporada ha aparecido la siguiente imagen. ¿Tendrá un plan la reina Sofía? Chan-chaaaaaaaan!

 

Pablo Melgar,

mi álter ego tertuliano de bar y tuitero.

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